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Nota
preliminar
Dado
que el uso de los hongos enteógenos puede trazarse desde tiempos prehistóricos
(1) en culturas ágrafas (2) hasta la
actualidad, exponemos en este ensayo unas observaciones sobre las formas
de uso, precauciones y preparación para una sesión, a partir de nuestra
experiencia personal, lecturas y conversaciones con otros psiconautas
y personas interesadas por el tema.
Este texto fue inicialmente
escrito en referencia al uso de hongos psilocibínicos; se han introducido
notas y apartados para hacer referencia a otros tipos de enteógenos.
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Adicción
y toxicidad
Primero
de todo es importante tener en cuenta un punto sobre el que todos los
documentos, incluso los reticentes al uso de hongos psicoactivos, tienen
en común. Nos referimos a que los hongos que contienen psilocibina o psilocina
(Ver Notas)no producen adicción. Se considera que
esto es así tanto a un nivel físico como psíquico (Ver
Notas). En lo que se refiere a la adicción física, que suele producirse
por la habituación del organismo a una sustancia cuya posterior carencia
produce un síndrome de abstinencia, los enteógenos carecen por completo
de fenómeno. De todas maneras, por la propia naturaleza de estas sustancias,
es difícil que pueda llegarse a producir ningún tipo de habituación, puesto
que en repetidas administraciones durante un mismo día o en días consecutivos,
los enteógenos dejan de presentar efectos. A un nivel psicológico tampoco
es probable que el uso de enteógenos conduzca a llevar a cabo sesiones
de forma seguida, ya que la experiencia enteogénica puede ser de tal intensidad,
o puede revelar una temática tan compleja, que la persona que ha pasado
por esta vivencia raras veces se siente con ánimo de repetirla sin dejar
un amplio intervalo de tiempo para integrar o meditar sobre lo acaecido.
Como comentaba el filósofo alemán Ernst J¸nger en una entrevista con Antonio
Escohotado (Ver Notas), "La ebriedad es tanto
más fructífera, espiritualmente, cuanto más tiempo medie entre los acercamientos.
Una vez al mes es mejor que una vez a la semana, y una vez al año mejor
que una vez al mes."
A
nivel de toxicidad los hongos psilocibínicos son considerados de toxicidad
baja (el caso de la Amanita Muscaria debería tratarse aparte (5)).
A saber, los estudios que se llevaron a cabo para incluir la psilocibina
y la psilocina en la Lista I (Ver Notas) no fueron
realizados directamente con estos compuestos, sino que lo que se hizo
fue una especie de estudios fraudulentos (5.2) con la
dietilamida del ácido lisérgico (LSD), que sirvieron a su vez para anatemizar
estos dos principios activos de los hongos enteogénicos.
Así, a ciencia cierta
no puede asegurarse que los hongos psilocibínicos no carezcan de riesgo
para la salud física, ya que desde la época de su ilegalización no se
han llevado a cabo estudios serios sobre el tema; pero a partir de la
observación de los chamanes que usan estos hongos de forma regular ñdado
que los emplean en su arte-, y de las personas occidentales que los han
empleado durante las últimas décadas, pude deducirse de forma más o menos
certera que estos hongos no ofrecen un peligro inminente a la salud del
organismo humano (esto no quiere decir que el uso de hongos psicoactivos
carezca de riesgo, puesto que su principal actividad se despliega a nivel
psíquico, y es en esta área es en la que cabe buscar sus ventajas y sus
riesgos; este tema será tratado en el apartado Preparación para la sesión)
.
Otro aspecto que suele
tenerse en cuenta para apuntar la baja toxicidad de la psilocibina y la
psilocina es su semejanza estructural con la serotonina, un neurotransmisor
básico que acontece de forma natural en el organismo humano. Esta similitud,
que en principio tampoco asegura la inocuidad de los compuestos referidos,
se acepta generalmente como un posible indicador para sugerir la escasa
toxicidad de los hongos psilocibínicos.
En cuanto a dosificaciones,
el caso de las triptaminas (grupo de alcaloides al que pertenecen la psilocibina
y la psilocina), no tienen estipulada una dosis mortal para el ser humano.
Ingestiones accidentales de grandes cantidades de dietilamida del ácido
d-lisérgico o de psilocibina, que han llegado a ser de varias docenas
de veces la dosis habitual, no han resultado en daños fisiológicos permanentes
en las personas que sufrieron este inesperado viaje a la estratosfera
del universo espiritual.
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Breve
nota sobre otros enteógenos
Si bien el empleo
de hongos psilocibínicos no debería presentar problemas físicos, el empleo
de otros enteógenos -y sustancias emparentadas- puede conllevar riesgos
si no se tiene un conocimiento adecuado sobre su dosificación o sobre
medicamentos con las que no se pueden mezclar.
Este
es el caso de las fenetilaminas, otra gran familia de compuestos enteogénicos,
empatógenos y estimulantes. A ella pertenecen la MDMA (éxtasis), la mescalina
y los cactus que contienen este compuesto (como el Peyote o el San Pedro(Ver
Notas), el 2-CB, la familia de los 2-CT... Todas estas sustancias
tienen un rango de empleo muy delimitado, y por lo general si se excede
la dosis adecuada para un viaje psiconáutico pueden ocasionar serios problemas,
emergencias y sustos que más vale prevenir. Puede encontrarse información
sobre dosificaciones de estos compuestos en el libro PIHKAL. A chemical
love story, y en cuanto a las cactáceas, debería consultarse un libro
especializado sobre ellas (Pharmacotheon, por ejemplo). También puede
consultarse el artículo sobre dosificaciones en Imaginaria.org.
En
cuanto a la familia de las fenetilaminas, también debe tenerse presente
que la interacción con otros compuestos farmacológicos (principalmente
IMAOs -inhibidores de la monoamino oxidasa- y sobretodo medicación psiquiátrica(Ver
Notas) puede resultar en severas intoxicaciones físicas, de elevado
riesgo. Así, lo más seguro es obtener información, y sobretodo abstenerse
de su uso en caso de estar tomando medicación.
El caso de
la Ayahuasca (Ver Notas), un preparado de origen
amazónico elaborado básicamente a partir de plantas con IMAOs y plantas
con triptaminas, también merece un estudio especial. Los IMAOS presentes
en el brebaje, a pesar de ser reversibles, son incompatibles con las fenetilaminas
y también con algunos medicamentos, principalmente los psiquiátricas (la
persona que haya usado fármacos de este tipo no debería tomar ayahuasca
hasta varias semanas después de la última ingestión de los mismos).
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Tres
tipos de uso de los enteógenos
Hojeando la vasta
literatura disponible sobre los enteógenos, puede extraerse la conclusión
de que desde tiempos remotos estas sustancias han venido empleándose en
tres tipos de quehaceres del ser humano, tan básicos como el aspecto lúdico,
el terapéutico y el ámbito espiritual.
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El
uso lúdico
Por aspecto lúdico
nos referimos al gozar de la experiencia/existencia, del compartir un
espacio mágico de tiempo con personas próximas, el contemplar una puesta
de sol o un amanecer, una lar de fuego o escuchar música reposada. Este
tipo de experiencias suelen llevarse a cabo con una dosis de hongos más
pequeña que en las experiencias de tipo terapéutico o místico, pues con
dosis medias o altas es difícil él poder mantener una mínima coordinación
del cuerpo, seguir una conversación amigable o simplemente contemplar
con serenidad un paisaje natural.
Aunque suele suponerse
que este tipo de experiencias suelen llevarse a cabo sólo entre individuos
de cultura occidental, Jonathan Ott ha comentado que en sus viajes enteobotánicos
varios ëchamanesí le han confirmado que ellos también usan los enteógenos
con propósitos similares, sin más intención que compartir un espacio común,
sin tener en estas sesiones intenciones terapéuticas o religiosas.
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El
empleo terapéutico
En
cuanto al uso terapéutico cabe distinguir entre la visión que de este
tiene el mundo arcaico y la que encontramos en el mundo moderno. En la
concepción chamánica del mundo los desarreglos en la salud de las personas
siempre vienen ocasionados por una falta de harmonía entre el ser y el
entorno ño si se quiere, entre la persona y su propio centro psíquico-.
El papel del chamán ñque suele ser el participante que ingiere la sustancia-
será el tratar de utilizar el estado ampliado de consciencia para entrever
los motivos que han llevado al enfermo a su estado de desarmonía actual.
Ya sean hechizos de otros chamanes, o traiciones a la propia palabra,
inobservancia de tabúes de su sociedad o inadecuaciones a un nuevo entorno,
el chamán, mediante cantos, invoca a sus espíritus aliados y obtiene un
diagnóstico para tratar esta enfermedad. Mediante rituales y plegarias,
aspirando el mal del cuerpo del paciente, recetando las plantas medicinales
apropiadas, ofrecerá el veredicto que del mundo espiritual le arribe(Ver
Notas).
Si
en el mundo arcaico es el chamán que ingiere el preparado enteogénico,
en la práctica de la psicoterapia con psiquedélicos en el mundo occidental
es el ëpacienteí quien atravesará la experiencia. Este diferencia tan
curiosa viene ocasionada por varios motivos. El primero de todos puede
ser la interrupción del uso y el conocimiento de los enteógenos por la
cultura occidental, un olvido que ha permitido redefinir su empleo una
vez estas plantas han vuelto a la actualidad. Así, el traslado de la población
a núcleos urbanos, alejados del entorno natural de bosques y selvas, en
las que es más propicio el recrear un universo de espíritus y establecer
contacto con los mismos, ha perdido este contacto; otro motivo puede ser
el empleo de sustancias químicas 'neutras', en vez de plantas como el
peyote, San Pedro, hongos o la ayahuasca, que en las culturas arcaicas
se les atribuía un espíritu que participaba en la sesión, guiando al chamán.
Un tercer motivo para tal diferencia puede ser la base filosófica sobre
la que se ha asentado la psicología: a finales del XIX y principios del
XX se creó el concepto de la mente inconsciente. El inconsciente viene
a representar el trastero en el que se almacenan los hechos traumáticos
del pasado, aquello que la persona no pudo integrar en su momento; al
mismo tiempo, como se observará en el próximo apartado, al inconsciente
han ido añadiéndose a lo largo del siglo XX todo lo que anteriormente
había sido englobado en el mundo de la religión, las experiencias numinosas
y místicas de los religiosos aventajados. Pasando la preponderancia de
lo esencial del mundo espiritual exterior al mundo psíquico interior,
la psicología, al redescubrir los enteógenos, ha utilizado estas herramientas
como un medio para disolver las barreras entre mente consciente e inconsciente,
entre la ocultación de traumas pasados y su nueva vivencia para poder
integrarlos ñentre el mundo cotidiano de la percepción sensible, y el
alma que transmigra de existencia en existencia, la revisión de nuestra
visión del mundo y de nuestro papel en él(10) .
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El
aspecto religioso
En cuanto a los rituales
religiosos, que consisten en llevar la percepción más allá de la conciencia
individual, para trascender los límites de lo personal, puede decirse
de todo a la vez que muy poco. Las personas que han vivido este tipo de
experiencias suelen referirse a ellas diciendo que ëno hay palabras para
expresarlasí. En cierto sentido, el problema no es tan sólo que no exista
un vocabulario apropiado en nuestro lenguaje para categorizar el contenido
de las experiencias místicas, sino que posiblemente la cuestión radica
en que la naturaleza de las mismas no es convertible a lenguaje, o que
este ña no ser que se utilice la forma poética-, no puede evocar los contenidos
emocionales asociados a la vivencia espiritual.
Pero volviendo al
prosaico mundo de los conceptos y las categorías, lo que describen los
libros de antropología y ensayo sobre el tema, son encuentros con lo que
Platón denominó el mundo de las ideas, que el psiquiatra suizo C.G. Jung
redefinió como el mundo de los arquetipos ño si se prefiere, el espacio
donde moran los dioses y las estructuras que dan forma a este mundo-.
En culturas ágrafas estos contactos con los numinoso o lo invisible, se
han utilizado para dar cohesión al grupo, para iniciar a sus miembros
en los mitos de esa cultura y para realizar rituales colectivos que refuercen
y den un mayor sentimiento de pertenencia a su cultura. Es de destacar
que a un nivel más prosaico, al menos desde el punto de vista de los occidentales,
en estos pueblos ágrafos los enteógenos también se han usado ñy se siguen
usando- como un medio para localizar zonas en las que haya una buena caza,
para conocer la situación personal de familiares que se encuentran alejados
del poblado o para localizar pertenencias extraviadas.
Aunque nos hayamos
referido a culturas primitivas (usamos aquí el término primitivas en el
sentido de originales) para referirnos al uso espiritual de los enteógenos,
existen varios indicios de que en culturas como la hindú o la budista,
así como la cristiana, también se han usado de forma muy velada estos
vehículos para explorar el mundo espiritual que han reflejado en varios
de sus escritos místicos sobre su concepción del mundo.
A
estos tres tipos de uso de los enteógenos, el lúdico, el terapéutico y
el místico, cabría añadir también los rituales de iniciación, que se han
practicado en innumerables sociedades y que consisten en romper con una
visión del mundo que se considera caduca para nacer a una nueva visión
más adecuada a las nuevas responsabilidades o roles sociales del individuo.
Estos rituales se han llevado a cabo principalmente en dos tipos de momentos
de la vida de una persona. Primeramente se han llevado cabo en el período
de transición de la infancia a la vida adulta, cuando el joven llega a
la pubertad y ha de dejar el mundo de los juegos, del vivir al amparo
de sus progenitores, para pasar a asumir responsabilidades entre el mundo
de los adultos ñpor ejemplo, empezando a conseguir su propia caza, a formar
una familia y tener cuidado de su propia vida y participar en los quehaceres
colectivos de su poblado-. En el segundo caso los rituales iniciáticos
se han dado en momentos de transición y entrada a una profesión nueva,
sobretodo al oficio del chamán, la persona que entrando en contacto con
el mundo anímico de la naturaleza hace de puente entre este y los miembros
de su población para sanar o para armonizar la vida de las personas con
el entorno. Un caso más ëcivilizadoí vendría a ser representado por la
Grecia clásica, en el que las ceremonias colectivas llevadas a cabo en
el templo de Eleusis, dedicado a las diosas Démeter y Perséfone, suponían
una iniciación al conocimiento de los secretos del mundo místico oculto
a la vida cotidiana(Ver Notas).
Para terminar con
esta sección, remarcar que no existe línea divisoria entre esta clasificación
que acabamos de exponer. Si lo hemos relatado así es para dar una idea
más clara de cada uno de las clases de vivencias que pueden presentarse
en una sesión enteogénica, pero a la hora de la verdad todos ellas pueden
sucederse durante una experiencia. El flujo de la sesión puede tomar los
senderos que en cada momento le plazca, sin tener en cuenta los deseos
del psiconauta; como observan los textos de la psicología transpersonal,
existe dentro de cada persona un curador interior, o un guía, que tomará
la en cada momento el camino que juzgue más oportuno para cada cual dependiendo
del contexto en el que se realice la sesión o la situación personal del
navegante. Lo que ha de hacer este no es más que dejarse llevar por lo
que acontezca y aceptar, con precauciones pero sin resistirse, a la naturaleza
de la experiencia. No hay nada más equívoco que el esperar tal o cual
cosa de una sesión, puesto que el mantener la atención fija en una esperanza
mental no dejará espacio para lo que se presente a la hora de la verdad.
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Preparación
para la sesión
"Como los chamanes
del sur de México, prefiero las sesiones nocturnas. Suelo escoger un bello
lugar en la Naturaleza, y preparar al atardecer un pequeño entorno en
el cual permaneceremos durante la noche. Una hora antes de la puesta de
sol seleccionamos los hongos y los separamos en pares. Mi esposa y yo
hemos visto que ofrecer unos hongos a Gaia, en forma de ofrenda en un
levantado de forma espontánea, con elementos del lugar, prepara la sesión
para una experiencia rodeada de magia terrestre. Antes de la ingestión
suelo acariciar las formasde los hongos, observar sus contornos, y les
hablo de su belleza, de su sabiduría, de su ancestral poder. Son las llaves
a las dimensiones que nos rodean y que de ordinario no podemos percibir.
Si ellos lo permiten, eres llevado ante inimaginadas dimensiones de belleza,
gracia y serenidad. Me llevan más cerca de Dios, Jesús y Buda, a la conciencia
del planetaria, a mis orígenes y hacia un más produndo entendimiento de
mi lugar en el universo. La experiencia, desde todos sus ángulos, es profundamente
espiritual."
Paul Stamets (Psilocybin Mushrooms of the World)
En el apartado sobre
adicción y toxicidad se ha comentado que los riesgos del uso de los hongos
psilocibínicos son casi nulos a nivel físico -en lo que respecta a posibles
daños o afecciones al organismo humano. Pero esto no quiere decir que
el uso de enteógenos esté libre de riesgo puesto que, como se ha comentado
brevemente en un apartado anterior, el efecto de los hongos psicoactivos
se despliega básicamente en la psique humana, o sea, en el ámbito mental
y anímico. Y es aquí donde cabe considerar las precauciones a tomar, para
no arriesgar de forma innecesaria la seguridad de la persona que se acerca
a estas sustancias.
El que en los medios
de comunicación estos aspectos se hayan presentado al revés, dando a entender
que los hongos psicotrópicos eran peligrosos por su toxicidad o riesgo
adictivo, y que su uso sólo era apto para mentes deseosas de ejercer la
irresponsabilidad a toda costa, seguramente es debido a un par de factores
que determinan nuestra cultura. El primero se deriva de la concepción
materialista del mundo, que irrumpe en occidente durante el Renacimiento
cuando la antigua visión espiritual de la existencia empieza a perder
todos sus puntos de referencia. Fue en ese momento cuando en occidente
se impone el pensamiento racional como forma de entender y conceptualizar
el mundo, desplazándose el peso de las cosas de lo ëespiritualí a lo ëmaterialí.
Para poner un ejemplo, la teología moral del cielo y el infiero, de la
ësalvación del alma', dejó paso a la gestión de un sucedáneo de la inmortalidad:
nos referimos a la inmortalidad del mismo cuerpo, una prerrogativa atendida
por médicos, más centrados en las enfermedades del organismo que en problemas
del alma. En cierta manera, lo que preocupaba a las Administraciones durante
los años sesenta, era un acceso demasiado rápido e inmediato a una visión
del mundo que chocaba frontalmente con la concepción materialista del
mismo, y que durante los años 60 provocó más deserciones de la sociedad
que las deseadas o previstas, en un mundo dominado por la técnica y la
explotación sistemática de la Naturaleza. Así, las autoridades, con el
objetivo de desprestigiar los psiquedélicos, se valieron de la teología
médica para condenarlos, asegurando que los visionarios eran un grave
riesgo para el organismo. Esto, bajo la nueva visión de las cosas, era
más creíble y asimilable que ningún otro argumento.
Pero volviendo al
problema espiritual del asunto, valgámonos de la etimología de las palabras
usadas para designar este tipo de vegetales capaces de desvelar lo desconocido.
Enteógenos y psiquedélicos son dos neologismos del griego clásico que
refieren en ambos casos la mente humana, el espíritu o el alma. Enteógenos
significa ëconvocar la experiencia divina en el sí de uno mismoí, mientras
que psiquedélico significa ëdesvelador del almaí. En ambos casos lo que
está en juego es la experiencia interior de lo que durante el siglo XX
ha dado en llamarse el inconsciente, o aquello que la mente humana ëescondeí
al estado de percepción habitual de la mente. A pesar de que nadie se
acaba de poner de acuerdo sobre lo que es o deja de ser el inconsciente,
podemos tomar dos o tres definiciones generales dentro de lo que ha representado
la historia de la psicología. Con Freud, el inconsciente representó una
especie de baúl de los recuerdos en el que se acumulaban experiencias
biográficas traumáticas, que en su tiempo no fueron asimiladas, comprendidas
o integradas. Para Jung, otro de los pilares de la psicología del siglo
XX, el inconsciente pasaba a ampliarse con todo lo que en la literatura
religiosa dio en llamarse experiencias místicas, o contactos con lo numinoso.
Una síntesis de ambos conceptos, enriqueciéndola con la experiencia iniciática
de muerte-renacimiento, queda representada por el marco teórico del psiquiatra
checo Stanislav Grof. De todas formas una de las propuestas más sugerentes
sobre la naturaleza de la mente humana fue hecha por un filósofo: H. Bergson.
Este pensador francés comparó a la mente humana con un receptor de radio
que podía captar información de todo lo existente, de todos los acontecimientos
del universo, pero que en cierta manera operaba habitualmente como un
filtro a esta realidad inabarcable, para así posibilitar que el ser humano
pudiese operar en la vida cotidiana.
Expuestos estos modelos,
lo importante es centrarse en el hecho de que la experiencia enteodélica
puede desvelar temas a los que la persona está poco habituada, sean ya
recuerdos biográficos, replanteamientos sobre su propia situación vital,
o espacios ëcósmicosí sobre los que la concepción moderna de la realidad
está poco acostumbrada a tratar. A un nivel de sensaciones placenteras
o dramáticas, la experiencia puede ir desde la beatitud mística, pasando
por la incomodidad de la visión de aspectos de un@ mismo que no se desean
atender, a la angustia del encontrarse suspendido en un mundo psíquico
sin puntos de referencia -o al éxtasis del nacer a una renovada concepción
de la existencia-.
Es
por esto que a diferencia de otros tipos de sustancias psicoactivas, como
los estimulantes o los depresores del sistema nervioso central, los enteógenos
ofrecen una experiencia más difícil de sondear. En este sentido la observación
de Robert Gordon Wasson, sobre el uso de sustancias enteógenas por personas
que se aproximan a la experiencia por primera vez, sigue siendo válida
40 años después de su formulación: "Si no estás seguro de querer
tener la experiencia, déjalo por el momento"(Ver
Notas).
Esta observación
no es tan sólo oportuna en referencia al neófito occidental que se acerca
a estas experiencias careciendo puntos de referencia en su propia cultura,
sino que el mundo chamánico, que ha preservado su uso durante milenios,
también se puede observar que las sesiones no se llevan a cabo sin que
para ello haya un motivo concreto (como la sanación de una enfermedad,
o el buscar nuevas zonas de caza), o sin observar una serie de rituales
durante la preparación del enteógeno y de la sesión, encaminados a asegurar
que el propósito de la experiencia, o a protegerse de posibles imprevistos
que desvirtúen sus objetivos.
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Set
& setting
En
occidente, lejos de poseer una cultura tradicional del uso de hongos enteógenos,
o de otras especies vegetales de semejantes efectos, la preparación se
basa en lo que hace unas décadas la cultura anglosajona denominó set &
setting, un concepto que viene a apuntar la necesidad de una preparación
interior a la vez que un cuidado del entorno en el que se realiza la sesión
(13). En lo que concierne al mundo interior, la preparación,
cuidado y predisposición podrían resumirse en un paso previo de observación:
la actitud con la que la persona afronta la sesión. øLa afronta con curiosidad
hacia lo desconocidoú, øcómo un reto personalú, øcon miedoú, ødejándose
llevar por otras personas... por ansias de autoconocimiento... interés
cultural despertado por textos leídos... como una vía de escape a una
situación personal que rehuye, por querer acercarse al misticismoú, øcómo
una forma de gozar de la existenciaú
El registro de tipos
de experiencias despertadas por los hongos es de un rango amplio, tal
y como se comenta en el apartado de Tipos de usos de los hongos, pero
en todo caso su utilización no es apropiada para muchas de las actitudes
con las que se ha venido utilizando algunas presuntas sustancias psiquedélicas
en nuestra cultura durante la década de los 70 y los 80. Al mismo tiempo,
la experiencia ofrecida por los hongos es sustancialmente imprevisible,
de forma que una persona puede buscar el repetir el contenido y efectos
de una sesión previa, y encontrarse con que la nueva sesión le lleva de
viaje por zonas de su mente totalmente inexploradas.
Repasando la literatura
disponible sobre este tema, y como ya se ha comentado anteriormente, el
acercamiento a este tipo de experiencias debería estar validada por el
interés en uno de estos temas: lúcido, autoconocimiento y espiritualidad.
Pero si el saberse interesado en estos temas puede representar más o menos
una forma de aproximación mental o racional al asunto, esto no valida
la predisposición anímica para ello, nuevamente aquí la frase de R.G.
Wasson viene como anillo al dedo: øduda uno/a de querer tener la experienciaú
En caso de no tener este sentimiento interior claro, no está de más postergar
el acercamiento para mejor ocasión.
Una forma de conocer
esta respuesta sin palabras que daría el pase de entrada a la realización
de una sesión, es observar la actitud emocional que uno/a tiene con respecto
a este tipo de experiencia. El miedo (el temer que uno puede sumirse en
un mar de desconcierto o desesperación) y la frivolidad (el restar importancia
a la sesión presuponiendo que uno es suficientemente fuerte o avispado
como para que el dolor o desconcierto no le rocen) son ambos un mal indicador
para llevar a cabo la sesión. Como es sabido el miedo no engendra más
que miedo, y de esta forma puede convocarse innecesariamente una actitud
mental que no sea más que un círculo vicioso a la hora entrar en un espacio
mental desconocido, quedándose allí compadeciéndose a uno mismo o revolcándose
en conflictos mentales fruto de una actitud poco positiva. En cuanto a
minimizar la los riesgos de la sesión, este quizás es un error heredado
de la mala información que al respecto han dado algunos medios de comunicación
ñquizás debido a su propia falta de información, o a querer distraer la
atención hacia estas sustancias relativizando su interés asegurando que
no eran más que un pasatiempo irresponsable sólo apto para inmaduros.
Es quizás el respeto
hacia la sesión lo que distingue a la persona que se acerca a ella con
un mínimo de conocimiento. El no pedir nada a la sesión más que estar
abierto a lo que venga, sin quedarse prendado de ello; el afrontar lo
duro precisamente porque todas los seres humanos, en mayor o menor medida,
tenemos zonas oscuras en nuestra mente que esperan ser iluminadas y asimiladas;
o el gozar de lo bueno sin estar esperando que nunca se desvanezca, precisamente
porque, como observa la filosofía, nada en este mundo dura para siempre
(incluso la vocación de atormentarse dará paso, tarde o temprano, a la
aceptación, incluso al gozo o la alegría).
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Música
Hay quien dice que
la música, durante las sesiones con enteógenos, es lo que da cuerpo y
figura a la experiencia, lo que la conduce. Si bien esto es cierto para
las sesiones que se llevan a cabo en el interior de una casa, por lo general
en las experiencias que acontecen en la Naturaleza, es la Naturaleza misma
la que canta, la que pone música a lo percibido. Los sonidos del viento,
el canto de los pájaros, los saltos de agua en los riachuelos o los cambios
de colores y matices de los árboles y los paisajes, toman la misma función
que la música estereofónica en una experiencia en el interior de una casa.
Y quizás lo mismo
podría decirse referente a la contemplación del crepitar de un fuego en
una lar en el interior de un hogar. Contemplarlo puede ser tan hipnotizante
como ver un atardecer o un amanecer.
Volviendo
al interior de una habitación, muchas personas consideran que la elección
de la música es algo de tanta importancia como elegir el momento, la compañía
o la sustancia con la que se lleva a cabo la sesión. Ya en el mundo arcaico
de los chamanes, el canto es algo omnipresente, y occidentales que han
realizado sesiones en este contexto han remarcado la importancia que tuvo
el oír el canto de la chamán o el chamán, como hilo conductor de la experiencia
interna (14).
Lo primero que debe
tenerse en cuenta para elegir un tipo de música para llevar a cabo una
experiencia con enteógenos, es que muchos estilos que habitualmente podemos
oír en un estado normal de consciencia, pueden resultar enormemente molestos,
e incluso confusos, si los escuchamos durante una sesión con enteógenos.
Así es aconsejable dejar de lado músicas como el rock & roll y similares
que pueden generar más desconcierto que otra cosa al llevar a cabo una
sesión.
Tradicionalmente
se han escuchado composiciones de música psiquedélica para realizar sesiones,
pero hemos de declarar que estas vibraciones, hoy en día, resultan un
tanto ciclónicas para determinados oídos. También entran como candidados
los discos de músicas étnicas, pero por tener pocos títulos a mano, y
sobretodo por resultar muchas de estas músicas bastante alejadas de nuestra
propia tradición, dejamos a gusto individual el ensayo con ellas. Dentro
de la tradición occidental el cantro gregoriano o bizantino (ortodoxo)
podría resultar de interés (sin duda relajante, centrador y poco desquiciante).
Por último, y para dar algunos títulos de referencia, de músicas que por
lo general resultan poco desquiciantes, a veces bastante energéticas y
también arropadoras y contrarias al casos, daremos algunos títulos que
si bien parecen sacados de la New Age, son de bastante calidad (incluidos
los de la cantante Enya, de cuyos discos, efectivamente, toda la New Age
no es más que una copia sin mucha gracia).
Pasamos directamente a hacer inventario de intérpretes y discos(15):
- Luís Paniagua
(Nanas de sol; Soltando amarras)
- Sheila Chandra
(Weaving my ancestors' voices; The Zen Kiss; AboneCroneDrome)
- Enya (Watermark;
The Celts; The memroy of trees)
- Stephan Micus (The
garden of mirrors)
- Loreena McKennit
(The visit; The books of secrets; Mask and the mirror)
- Bill Douglas (Circle
of moons; The lake)
Como narra el refrán,
el nombre de dios es el silencio. Así pues, no olvidar que una pausa de
tanto en cuanto, escuchando el sonido del silencio, resulta tan nutritiva
como todos los sonidos del universo.
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La
sesión
"A Aladino le
basta frotar su lámpara para hacer presente el genio o dijinn, que podía
conceder deseos, remediar carencias y defender de enemigos ñaunque en
ningún caso toleraría ser invocado por aburrimiento, hipocresía o trivialidad-.
Si las plantas visionarias resultaron siempre veneradas, y tenidas por
vías de contacto con lo sagrado, fue para evitar que móviles banales e
irreflexivos suscitasen la ira del dijinn y el correlativo espanto de
su dueño. Inmemorial y planetaria, esta tradición cree que suspender el
estado rutinario de vigilia fortalece la cordura ñpreviniendo brotes de
demencia en vez de convocarlos-, y se asecura esta finalidad observando
un exquisito respeto hacia las condiciones del trance: guías, lugares
y momentos."
Antonio
Escohotado, en La Cuestión del Cáñamo (p.56)
Si una parte de las
observaciones del set & setting concernían a la actitud interior de la
persona, la otra vertiente al realizar una sesión es el cuidado y arreglo
en la preparación del entorno en el que se lleva a cabo una sesión.
Como se observa en
algunas escuelas budistas tibetanas, en cierto modo la disposición de
nuestro mundo exterior -lo que nos rodea- no es más que un reflejo de
nuestra actitud mental interior. Aquello a lo que nos sentimos atraídos,
aquello de lo que nos rodeamos ñel mundo que edificamos a nuestro derredor-,
no es más que el sueño hecho realidad de nuestras aspiraciones y agujeros
negros interiores. Así pues, sin poder darse por seguro que unas observaciones
puedan modificar todo este entramado de imaginaciones y carencias personales,
presentamos unas referencias que al menos pueden servir como indicador
sobre sí la actitud mental del potencial psiconauta es apropiada, o más
bien atolondrada. En todo caso, estas observaciones también pueden servir
para acortar tiempo a la hora de descubrir los parámetros que pueden convenir
a cada cual, aprovechando la experiencia de otras personas con más experiencia
en el manejo de los viajes a través del universo de la mente10.
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Propósito
de la sesión y dosificaciones
Lo primero de todo
es considerar el propósito de la sesión. Nuevamente cabe recordar que
las experiencias con enteógenos no son predecibles o controlables, y partiendo
de la consideración de que el ámbito lúdico, el de autoconocimiento y
el espiritual se entremezclan y confunden entre sí, el tener en cuenta
la intención inicial sí que puede conducir a considerar la dosificación
y el entorno en el que se llevará a cabo la sesión.
Para experiencias
de tipo lúdico lo más apropiado suele ser una dosis baja del enteógeno,
puesto que con una experiencia de intensidad poco potente la persona aun
puede mantener cierta coordinación motora ñandar, seguir una pequeña conversación,
ir a buscar algo de beber o salir al exterior en una casa de campo-. Una
dosificación baja de hongos suele ir de uno a dos gramos (pesados en seco,
una vez los hongos han perdido toda su humedad), dependiendo en todo caso
de la potencia del hongo en cuestión. En cuanto al entorno, lo mejor es
prever con anterioridad si la sesión se llevará a cabo en un entorno natural,
o si se prefiere hacerla dentro de una casa. Para exteriores el mejor
momento del día son las puestas de sol o, para los muy madrugadores, los
amaneceres, ya que la acrecentada sensibilidad a la luz ñla dilatación
de las pupilas ocasionada por los enteógenos- hacen que el resplandor
diurno sea demasiado cegador (en Oaxaca de Jiménez, en México, solía decirse
que tomar hongos durante el día producía locura). Si en el exterior la
misma Naturaleza ofrece a su manera una especie de coro polifónico ñun
festival de luces, colores, olores y sonidos-, en las sesiones que se
desarrollan en el interior de una casa es bueno contar con música, que
servirá para dar forma y un hilo conductor a la experiencia. Es preferible
que sea un tipo de música calmada y relajante, pues tipos de música más
estridente pueden enfermar los nervios de la persona más templada. Loreena
McKennit, Sheila Chandra, Luís Paniagua, Bill Douglas, Stephan Micus o
Enya, son buenos candidatos para acompañar una sesión ñtanto lúdica como
sesiones más introspectivas o de tipo transpersonal-.
Otra consideración
que puede llevar a escoger una dosis baja de hongos es si se tiene poca
experiencia en la inmersión en el mundo de la mente. Lo cierto es que
con una dosis baja, si aparecen contenidos imprevistos que inquietan a
la persona, es más fácil mantener un poco la calma y esperar a que los
efectos de los hongos ingeridos se diluyan por sí mismos. Además, también
puede ocurrir que la persona neófita sea muy sensible a estas sustancias,
y que con una dosis baja obtenga una experiencia que otras personas sólo
tendrían si ingirieran el doble de dosificación de hongos. Así, siendo
un poco prudente en una primera sesión puede conocerse por donde van las
cosas, la relación de la persona con la dosificación y al mismo tiempo
ahorrarse algún que otro sobresalto.
La utilización de
hongos con fines terapéuticos, o espirituales, suele llevarse a cabo con
dosis más elevadas. Aunque con dosis pequeños se presenten fases introspectivas,
o visiones magnificadas de la Naturaleza, es sólo a dosis elevadas que
se manifiesta más plenamente este mundo oculto a nuestra consciencia ordinaria;
en vez de ëdislumbrarloí, la persona entra plenamente en él. En cierto
sentido la dosis baja permite observar enfrente de uno el mundo interior/exterior
desplegado por los hongos, como si viera un paisaje mirándolo desde una
ventana. Con dosificaciones elevadas el psiconauta entra en cuerpo y alma
ñmás en alma que en cuerpo- en este ëotro mundoí. Las dosis medias ñque
para hongos como la Stropharia cubensis suele ser de unos 4 gramos en
seco-, a pesar de que parezca que indiquen prudencia, ecuanimidad y todo
lo demás, son de hecho las más peligrosas; siguiendo el símil de la ventana
eso es así porque, con una dosis media, el psiconauta suele encontrarse
con un pie en cada lado, lo que supone que durante unas fases de la experiencia
se encontrará alejado de la realidad cotidiana, pero en cierta manera
sin suficiente fuerza como para permanecer en esa otra realidad, y en
otras fases estará más próximo al mundo cotidiano de objetos y personas
que se hallan en su derredor, pero también demasiado ëidoí como para poder
mantener la atención en algo.
Estas situaciones
con dosis ëmediasí suelen ser las más estresantes y molestas. Tener un
pié aquí y el otro allí es la mejor forma de acabar enfermo de los nervios,
sin saber qué hacer ni qué postura corporal adoptar. Las personas que
han atravesado estos estados, no sin reconocer que también tenían su interés,
han deducido que la principal enseñanza era la de que ëno se había de
repetirí. En cierta manera, si se quiere aumentar la dosis desde una cantidad
pequeña a una más grande, el psiconauta habrá de pasar de una dosificación
de un rango alto dentro de las dosificaciones bajas (de 2 a 3 gramos de
hongos de peso en seco) a una cantidad suficientemente alta que le permita
viajar cómodamente por el universo de la mente sin ëtocar tierraí cada
dos por tres.
Las
dosis elevadas, para sesiones de tipo terapéutico o espiritual, se encuentran
entre los 5 gramos de peso en seco hasta los 7 u 8 gr. (estas dosificaciones
varían dependiendo de la potencia del tipo de hongos en particular; por
ejemplo, en variedades nuevas, como la B+, la cambodian o las thailand,
se sitúan a partir de los 3,5 a los 5 gr) (17).
Pero para este tipo
de experiencias más profundas algo más que una dosis elevada es requerido.
Primero de todo uno ha de estar medianamente seguro que quiere pasar por
una experiencia así. Nuevamente aquí cabe recordar la frase de Gordon
Wasson... si uno no está completamente seguro, siempre habrá tiempo más
adelante! Otro aspecto fundamental es un período de preparación, tanto
anterior a la sesión, como posterior. No hay nada más inoportuno durante
una sesión que pueda cruzarse por la mente el pensamiento de que al día
siguiente espera tal o cual cosa por hacer. De todos los psiconautas es
conocido que en cierta medida durante una sesión con enteógenos la percepción
del tiempo se distorsiona de forma notable ñsobretodo con dosis elevadas-,
hecho que ha quedado expresado con la frase de que un instante puede aparecer
como una eternidad mientras que, subjetivamente, un espacio de media hora
puede dar la impresión transcurra como si de un minuto se tratara. Al
mismo tiempo la calidad de la experiencia puede ser tan natural que el
psiconauta pueda tener la impresión de que esa ëventanaí que se ha abierto
puede quedarse así de forma ëindefinidaí, y si a eso se le suma un poco
de desorientación durante el viaje, el pensar que al día siguiente tiene
obligaciones a cumplir aumentará la preocupación durante la sesión, cosa
que ayuda poco a la conservación de la cama y tener la mente fluyendo
en lo que acontece en el momento presente. Así pues, exceptuando psiconautas
ya experimentados, lo mejor es disponer de uno o dos días libres después
de la sesión. Estas pequeñas vacaciones, además, son un regalo para el
espíritu, pues ofrecerán un tiempo de calma para integrar la experiencia
y disfrutar de la existencia de forma reposada tras lo revelado por los
hongos.
Para llevar a cabo
una sesión con dosis elevadas de hongos, a estos dos días de reposo tras
el viaje, cabe añadirles otro par de días de preparación y meditación
antes de la experiencia. Las preocupaciones cotidianas del día a día,
lo personal y lo profesional, suelen acarrear un montón de ideaciones,
pensamientos recurrentes e interferencias a la experiencia con hongos,
y este tipo de preocupaciones cotidianas, a la hora de la verdad, no ayudan
al tranquilo devenir de la sesión más que el vuelo empalagoso de un moscardón
durante un plácido atardecer de verano. En definitiva, estos días de reposo
vienen a ser una especie tiempo en cuarentena para separar el mundo profano
del espacio místico.
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La
figura del acompañante
Otro aspecto casi
imprescindible para llevar a cabo una sesión con dosis elevadas es la
figura del acompañante. En el mundo de los enteógenos se ha venido planteando
de forma recurrente la necesidad de un maestro para guiar a la persona
poco experimentada, y así enseñarle y conducirla a un buen puerto durante
la sesión. Parece probable que este llamamiento a la figura de la persona
sabia derive de la literatura antropológica/chamánica ña veces la más
acreditada y otras veces más acusada de imaginativa-, en la que el chamán,
o persona con un conocimiento sobre estas plantas y los universos anímicos
que despiertan, tiene cura del neófito, y con sus cantos ahuyenta los
malos presagios e invoca espíritus protectores. No cabe duda de que los
chamanes son seres habituados a tratar con el otro mundo, que por vocación
personal y por oficio conocen y saben manejarse en esta alteridad o mundo
paralelo a lo cotidiano. Pero también es cierto que no hay nada más alejado
a nuestra cultura técnica y racional que un chamán, y que por lo tanto,
de chamanes, en occidente, pocos se encuentran. Los que viajan a ofrecer
seminarios, cuando llegan aquí y se encuentran sumergidos en una cultura
de dinero y prisas que no es la suya, se sienten desplazados y poco suelen
retener de su oficio nativo (lo mismo acontece con algunos ëimprovisadosí
chamanes que en sus países nativos esperan turistas ávidos de experiencias).
Por la figura del acompañante nos referimos a una persona próxima y de
confianza que pueda permanecer junto al psiconauta durante la inmersión
en lo desconocido. Ha de ser una persona suficientemente próxima como
para que su presencia abra la posibilidad de compartir los gozos y los
temores suscitados en la experiencia, y también una persona que haya experimentado
ella misma varias veces este estado inducido por los hongos. Quizás la
cualidad más importante que debe ofrecer esta persona es el no perder
la calma cuando el viajante pierda los papeles. Lo peor que puede ocurrir
en una sesión es que un posible desconcierto por parte de los viajantes
se transmita y contagie a la persona que vigila, pues entonces el miedo,
alimentándose a sí mismo, crece como una espiral y se torna poderoso,
desintegrador y alborotador como un tornado. En los momentos de desorientación,
que si se atienden desde un primer momento no durarán más que instantes,
lo mejor que puede hacer el acompañante es ofrecer una mano segura al
psiconauta, y mediante este contacto físico darle confianza, presencia
y un poco de serenidad. En realidad el papel de la persona que vigila
no es excesivamente espectacular ñal menos a un nivel físico-; es más
bien una presencia, alguien que ofrece tranquilidad, seguridad, atención
y en ocasiones algo tan cotidiano como acercar un vaso de agua, acompañar
al psiconauta al baño o intercambiar suaves palabras como intermedio entre
los espacios psiconavegables que atraviesa el viajante de universos mentales.
Uno
de los ëterapeutasí más célebres de los Estados Unidos recordaba en una
serie de entrevistas lo importante que era este contacto físico, el ofrecer
la mano; muchas veces la persona que viaja usando dosis altas siente una
especie de pavor cuando se acerca el momento de despegar, de entrar en
cuerpo y alma en el desconocido universo de la mente, y esta mano le ofrece
seguridad para entrar en él, para ëdejarse irí y soltarse a la experiencia
sin el miedo de no volver o de haber de afrontar solo lo que se encuentre(18).
Y si esto acontece a veces en los momentos de ëdespegueí, lo mismo es
válido para los aterrizajes forzosos, para las caídas en picado en las
que la figura del terapeuta aparece como un punto de referencia, un nexo
con el mundo humano, con el afecto, con lo conocido, con la serenidad.
Y de aquí, nuevamente, la necesidad de que esta persona sea conocida y
próxima, que haya pasado por el mismo tipo de experiencias, puesto que
el dudar a la hora de pedir un poco de ayuda no es lo mejor que puede
acontecer en estas circunstancias.
Si bien en una situación
lúdica con dosis bajas no es del todo imprescindible que una o varias
personas no tomen el enteógeno, en dosis más elevadas es importante que
el acompañante no ingiera la sustancia, puesto que en momentos de apuro
ya nadie sabría por dónde navegar.
En casos de desorientación
otra cosa que puede resultar útil, además de una mano fuete y segura,
y de una voz serena, es inhalar y expirar aire, profundamente y con calma,
durante dos o tres veces. Como observan los hindúes al hablar de yoga,
el respirar es nuestra principal forma de relacionarnos con el mundo,
y a un nivel más científico uno puede pensar que la aportación de un plus
de oxígeno al cerebro puede ayudar a afrontar las cosas con un poco más
de serenidad. Ciertamente una respiración pausada y ordenada, profunda
y consciente, suele tener por efecto el centrar a la persona en su esencia,
a la vez que desviarle de pensamientos confusos y recurrentes. Y si esto
es válido para momentos de confusión, igual de oportuno es para momentos
de claridad, gozo y lucidez mental; de hecho, en estos momentos ñbajo
el efecto de enteógenos o en la vida cotidiana misma-, la persona realizará
un par o tres de inspiraciones profundas y exhalaciones reposadas de forma
natural e instintiva.
Otra técnica ña saber
esta vez de origen budista- para no dejarse llevar por el remolino de
los acontecimientos, es el ëobservarí lo que se presente como su de una
película o una representación de teatro se tratara. El principal problema
de los malos viajes ñsi los hubiere- es el creerse a pies juntillas lo
que la experiencia ofrece y dejarse arrastrar por ello. En todas las tradiciones
místicas puede encontrarse la idea de que el mundo no es otra cosa que
una representación teatral en la que aprendemos y participamos, pero que
en el fondo todo no es más que una especie de ërealidad virtualí en la
que en última instancia nada es real al 100%. Muchas tradiciones hindúes
hacen hincapié en esto: el ser humano está atrapado en un mundo, que por
más instructivo que sea, no deja de ser un espejismo; al creerse de pies
juntillas este escenario, no deja de meterse en unos líos sin fin, quedando
atrapado en una red como las moscas en las telas de araña... Pues eso,
a mirarse el espectáculo como si de una representación se tratara; aprender,
pero no caer de cuatro patas en él... De todas formas a veces es necesario
caer de cuatro patas para poder salir del asunto renovado ñasí que no
hay seguros que valgan, ni certezas infalibles, ni automatismos totalmente
garantizados. En todo caso, la actitud -de aceptación-, la voluntad -de
aprender-, y la esperanza -de que todo lo que acontece tiene una razón
de ser- pueden convertir una experiencia dura en un aprender, en un devenir
más. Y en definitiva, el pensar que si uno no está de humor para viajes
duros, desviar la atención justo cuando aparece la complicación es la
mejor manera de cambiar de canal: mirar una flor, un paisaje, o cambiar
de música ayudan, a veces, a cambiar de temática de forma inmediata.
Métodos más poderosos
para pérdidas de control, o para momentos de desesperación, son los psicodislépticos,
o fármacos de potente acción calmante usados por lo general en la práctica
de la psiquiatría (como poer ejemplo, el Valium). Existe una discusión
que aun está sin cerrar sobre si es conveniente usar estos medicamentos
o si es mejor sobrellevar los malos ratos estoicamente, puesto que cortar
una experiencia de golpe dejándola sin integrar también puede tener consecuencias
negativas.
Llegados a este punto
de disertación sobre los malos viajes cabe hacer una distinción entre
aquello que no nos gusta ver -o que no queremos ver-, y la sensación de
encontrarnos perdidos, desorientados y en un remolino de ideas confusas,
recurrentes y desesperantes. En el primer caso lo más oportuno es afrontar
lo que viene sin dar la espalda. En definitiva todas las personas poseen
aspectos de su pasado, o de su planteamiento vital, que están sin solucionar,
sin integrar; y por esto mismo, en sesiones de apertura del inconsciente,
toman presencia y demandan atención. Quizás no todas las personas poseen
la suficiente serenidad como para afrontarlas, pasar por ellas y transmutarlas,
y es de este huir y escapar que muchas veces nace la confusión, el perder
el hilo de la historia que se presenta a los ojos de la consciencia demandando
solución. Pero si uno las afronta sin temor, suelen desvanecerse, como
si estuvieran satisfechas de que no las ocultemos más a los ojos de la
consciencia, relegándolas una y otra vez al trastero del olvido. Aceptación
sería la palabra. En cierta manera puede considerarse que el primer tipo
de experiencias -la presencia de aquello que no queremos ver- son naturales,
nutritivas y necesarias (en cierta manera inesquivables), mientras que
las segundas -el reino de la confusión- dejan más un sabor de boca parecido
a una pesadilla sin sentido. Pero posiblemente la confusión, el perder
el hilo, no sea más que una consecuencia de querer esquivar lo que en
aquel momento demanda atención. Así, el acompañante, debería dar coraje
con su tranquilidad al psiconauta en caso de estar este afrontando algo
que teme, o ayudar a cambiar de registro al mismo en caso de que el viajador
haya entrado en zonas turbulentas, de confusión en espiral. Una mano y
una sonrisa para lo primero, y un cambio en la música, de lugar o un nuevo
objeto de atención para lo segundo.
Para terminar este
ensayo sobre la figura del acompañante, decir también que algunas personas,
aunque pocas, al realizar una sesión con enteógenos se sienten inseguras
ante la presencia de otro ser que les ëobservaí ño al menos esto es lo
que ellos dicen-. De esta manera estas personas deciden o declaran que
prefieren, para su propia serenidad, llevar a cabo las sesiones en solitario
y evitar así esta posible interrupción de pensamientos paranoicos de ëqué
es lo que estará pensando el otroí. Pero estudios más profundos sobre
el tema llevan a la conclusión de que estas mismas personas, en un futuro
o en un pasado, encuentran o encontraron un acompañante adecuado para
sus experiencias. Aunque sea sólo una persona, la pareja o un amigo del
alma, llevar a cabo una experiencia con acompañante no es algo imposible
para todos. Y este hallazgo nos lleva a otro punto que es duro pero real:
de hecho encontrar una persona de confianza no es algo tan sencillo, y
a veces es el tiempo que la trae a la vida del psiconauta, siendo a veces
más difícil encontrarla a bote pronto que dar con sustancias de calidad
para llevar a cabo la experiencia.
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Formas
de preparación
Para terminar esta
sección sobre la sesión, decir que los hongos se pueden ingerir tanto
frescos como secos, y que se habrá de tener en cuenta que la dosis, para
el caso de consumirlos secos, es una décima parte en peso que la dosis
si son frescos. últimamente también se ha puesto de relieve por parte
de algun@s psiconautas que si se realiza una infusión con los hongos,
en vez de tomarlos mascados, se eliminan componentes que pueden resultar
molestos al sistema digestivo y que a veces pueden dejar un poco de resaca
en forma de dolor de cabeza para el amanecer siguiente. Ha de tenerse
en cuenta que dejar los hongos en maceración con agua caliente durante
unos minutos también disminuye su potencia en un 15-20%, y que la experiencia
con un té de hongos se presenta bastante antes que con la ingestión de
las setas crudas, pues se despliega aproximadamente al cabo de 20 minutos.
En México, tal y
como observó el etnomicólogo R.G. Wasson al llevar a cabo su primera sesión
con María Sabina en la Sierra Mazateca, los hongos se suelen ingerir por
pares ñrepresentando la integración de la polaridad masculino-femenino-,
y acompañados por una taza de chocolate ñque según Jonathan Ott sirvió
en el México precolombino como vehículo de ingesta para el uso de toda
suerte de enteógenos-.
Una experiencia con
hongos suele durar aproximadamente unas tres horas, con 45 minutos previos
para que estos manifiesten sus efectos, más otra hora de bajada y retorno
al mundo cotidiano. Un poco de cannabis, casi una dosis infinitesimal,
puede ayudar a relajar al psiconauta y permitirle entrar en la experiencia
con menos intranquilidad. Para sesiones con dosificaciones elevadas puede
ser útil ingerir primero un gramo o gramo y medio de hongos, y una vez
se presentan los efectos, decidir si se desea emprender un viaje más profundo,
tomando entonces tres o cuatro gramos más).
Puestos a hacer una
última observación, decir que en una cultura que ha perdido toda tradición
del empleo de los enteógenos, como la occidental, de poca utilidad pueden
servir los consejos. En cierta medida sólo la experiencia puede servir
de poso y guiar en posteriores experiencias que puedan tenerse. Y es en
esta situación en la que pueden servir las observaciones personas que
hayan pasado por esta fase de auto-aprendizaje: en el aportar información
sobre lo útil y lo inconveniente, para que el proceso de conocimiento
pueda identificar aciertos y carencias de forma más ágil.
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Comentarios
(1)
Volver Los enteógenos y la ciencia (capítulo titulado
Nuevas fronteras de la etnomicología)
(2)
Volver Las culturas o sociedades ágrafas son aquellas
que no disponen de sistema de escritura. Es equivalente a culturas prehistóricas,
en el sentido que por lo general suele considerarse que no conservan una
cronología de los hechos físicos acontecidos, sino que interpretan su
existencia a través de mitos. Suele usarse esta denominación en vez de
culturas primitivas, ya que aunque etimológicamente primitivo tiene el
sentido de originario u original, se considera que tiene una connotación
peyorativa...
(5)
Volver Básicamente porque la AMANITA MUSCARIA
no contiene Psilocibina ni Psilocina sino ¡CIDO IBOT…NICO.
(5.2)
Volver Uno de los estudios fue llevado a cabo con alcohólicos
que se habían sometido a un programa de desintoxicación mediante el uso
de la LSD. A finales de los 50 y principios de los 60 se observó de forma
casual que personas reincidentes en el consumo de alcoholes dejaban de
mostrar interés en el estado de ebriedad etílico después de una sesión
con una dosis alta de enteógenos (aproximadamente un 50% de las personas,
después de haber vivido una experiencia mística, dejaban de consumir alcohol
al menos por un período de un año). En esa época era sabido que el abuso
de alcoholes de forma reiterada producía daños serios en el sistema nervioso,
por lo que este grupo de personas fue usado para ëdemostrarí que la LSD
producía daños irreversibles en el organismo; pero estudios posteriores
con individuos que habían usado LSD varias veces ñpero que no eran consumidores
habituales de alcohol-, no presentaban estos daños, en ningún caso. Es
conocido el caso del famoso actor GARY GRANT que reconoció en su
vejez haber participado en estos estudios, en más de 500 ocasiones
en total.
Otro estudio ëfraudulentoí consistió en hacer cultivos de células a los
que se añadía grandes cantidades de LSD, observando ërupturas cromosómicasí
a las células cultivadas. De aquí nació la sensacionalista noticia de
que la LSD podía producir malformaciones en los fetos de los progenitores
que habían consumido LSD, pero lo cierto es que los mismos estudios, realizados
con cafeína o ácido acetil salicílico, en vez de LSD, producían los mismos
resultados.
(10)
Volver El psiquiatra checo Stanislav Grof es uno de
los principales representantes de la psicología transpersonal, que ha
trazado las principales líneas de su visión de la terapia a partir de
las experiencias de los estados ampliados de la mente, tanto inducidos
por sustancias psiquedélicas como acaecidas espontáneamente, o mediante
técnicas mecánicas, como la respiración holotrópica.
En
sus libros, S. Grof ha presentado una cartografía de los tipos de experiencias
que pueden darse en estos estados de consciencia, que ha dividido en 4
categorías: fenómenos visuales, revivir episodios biográficos, experiencias
transpersonales o místicas, y experiencias de muerte renacimiento.
Algunos
de los libros de Stan Grof son:
- Psicología
Transpersonal
- Nacimiento,
muerte y trascendencia en psicoterapia
- La mente
Holotrópica
- El juego
cósmico.
(13)
Volver El webmaster no comparte esta afirmación
tal y cómo está hecha, ya que el consumo de Amanita Muscaria
hasta primeros del siglo XX en Asia está documentado o los mismos
Misterios Eleusinos que, debido a su secretismo y la pena capital impuesta
por la divulgación de todo aquello que acontecía en los
ritos, si bien no nos ha llegado la información sabemos dónde
acontecían y podemos deducir de los textos qué enteógeno
se usaba y los efectos producidos.
Sí
es cierto que la influencia del Cristianismo, y en especial la actuación
de la Inquisición, supuso la pérdida de gran cantidad de
información sobre el uso de las plantas en Europa mientras que
en los paises del continente americano que estuvieron bajo la influencia
de la Cruz y la Espada, "maquillaron" las deidades que aparecían
en sus rituales bajo nombres de Santos Cristianos, lo cual les permitió
mantenerlos delante de las autoridades.
(14)
Volver En el mundo de los shamanes, el canto no sólo
sirve para conducirse y orientarse durante la experiencia, sino que básicamente
tiene una funcionalidad de invocación de los entes asociados al chamán,
los espíritus con los que habla y que le ayudan a la solución del propósito
de la sesión, ya sean terapéuticos u oraculares.
Se podrán
escuchar 2 canciones usadas durante el rito del Peyote en el futuro apartado
de ARTE ENTEOG…NICO de la página.
(15)
Volver La selección ofrecida por el autor del
artículo es personal. Si deseáis ver otras opciones podéis
consultar la página web ENTEOMÚSICAS
realizada por Gonzalo. Cabe no olvidar que la música no es más
que un impulso externo que influye en la experiencia por lo que no se
debe dejar de considerar el sonido nulo, o sea el SILENCIO, que para los
que deseen una experiencia de introspección puede ser la mejor
"banda sonora" de la experiencia.
(16)
Volver "Viajes a través del universo de la mente"
es el título de un ensayo que escrivió R. Gelpke en 1962 ("On Travels
in the Universe of the Soul") sobre la experiencia enteogénica. Traducido
por J. Ott, puede encontrarse en http://www.maps.org/news-letters/v06n3/06346hof.html
(17)
Volver Para ampliar información sobre cada tipo
de hongo psilocíbico se pueden consultar los artículos indicados con posterioridad
(18)
Volver Suponemos que el autor del artículo se
refiere al libro THE SECRET CHIEF. CONVERSATIONS WITH A PIONER OF THE
UNDERGROUND PSYCHEDELIC THERAPY MOVEMENT por Myron J. Stolaroff donde
se reflejan en diversas entrevistas las experiencias de un psicólogo,
del cual se esconde el nombre, aplicando el uso de enteógenos en
sus terápias. En cualquier caso es un libro a consultar aunque
esté escrito en inglés. En él podemos encontrar un
prólogo por Stan Grof, un reconocimiento (tribute en inglés)
por Ann Shulgin, un prefacio por Albert Hofmann y un epílogo por
Shasha Shulgin. Realmente interesante.
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